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Roberta Bosco y Stefano Caldana, comisarios de ‘FACES’: “Miró y Picasso hubiesen creído en el arte electrónico”

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El jueves 31 de enero se inaugura la exposición FACES. Un diálogo entre la Colección Es Baluard y la Colección BEEP de Arte Electrónico. La nueva exhibición es pionera en el mundo del arte. Y es que por primera vez se plantea un diálogo al mismo nivel entre las obras de arte electrónico y las obras de disciplinas tradicionales.

“A pesar de que el arte electrónico está presente ya en muchas exhibiciones internacionales, nunca como en FACES se han presentado en un mismo nivel obras basadas en técnicas tan diversas. Por ejemplo, arte robótico, escultura, pintura, collage, Net Art, cerámicas, instalaciones interactivas, fotografía y vídeo“. Los comisarios de la exposición, Roberta Bosco y Stefano Caldana, explican en esta entrevista por qué es tan atractiva esta propuesta. Asimismo, reflexionan sobre el género del retrato en nuestra sociedad tecnológica, sobre el arte electrónico y sobre la creatividad.

La exhibición FACES estará abierta al público hasta el 29 de septiembre en el museo Es Baluard, de Palma (Mallorca). El museo balear lleva unos años apostando por el arte electrónico.

En la fotografía que encabeza este artículo, aparecen (de izquierda a derecha) la directora de Es Baluard, Nekane Aramburu; la comisaria Roberta Bosco; el director de la Colección BEEP, Vicente Matallana; el comisario Stefano Caldana; y la directora general de cultura del Govern de las Islas Baleares, Joana Català.

¿Cómo surge la iniciativa de una exposición de arte contemporáneo con obras ‘analógicas’ y obras tecnológicas?

La exposición tiene sus orígenes en un encuentro entre el fundador de la Colección BEEP de Arte Electrónico, Andreu Rodríguez, y la directora del museo Es Baluard, Nekane Aramburu. En esa reunión, se acordó el patrocinio de la Colección BEEP a una obra de Marcel·lí Antúnez en Es Baluard, y se abordó la posibilidad de realizar una exposición conjunta.

Éramos conscientes de que la exposición se debería llevar a cabo en una situación especial. Y es que Es Baluard vivirá durante los próximos meses un período de transición, a raíz del cambio previsto en la dirección de la institución. Por este motivo, era necesaria una exposición de larga duración, para cubrir ese período de interregno. Ahora bien, las piezas de la Colección BEEP son obras delicadas, que no suelen dejarse en préstamo durante demasiado tiempo.

Pero la apuesta valía la pena. De este modo, ambas partes tenían un alto interés en llevar a cabo esta exhibición, que estará abierta al público entre los días 31 de enero y 29 de septiembre, incluida la Noche Blanca [día en que los museos abren por la noche] del mes de septiembre.

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¿Por qué es pionera esta exposición?

Es la primera vez que se impulsa en España una exposición en que conviven al mismo nivel obras contemporáneas electrónicas y no electrónicas. A pesar de que el arte electrónico está presente ya en muchas exhibiciones internacionales, nunca como en FACES se han presentado en un mismo nivel obras basadas en técnicas tan  diversas como arte robótico, escultura, pintura, collage, Net Art [una variedad de arte electrónico], cerámicas, instalaciones interactivas, fotografía y vídeo. Todas las piezas, con independencia de sus autores, técnica o disciplina, estarán juntas, sin espacios que se conviertan en ghettos.

No habrá separaciones conceptuales. En 2001, se expusieron obras de arte tradicional junto a una selección de Net Art en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA). Pero unas obras y otras estuvieron dispuestas en diferentes espacios.

La idea de combinar muestras de arte contemporáneo analógico y electrónico es atractiva. Pero era necesario buscar un discurso para la exposición. ¿Cómo trabajaron en la búsqueda de ese relato?

Había que dar consistencia a la exposición. Había que encontrar un relato. Era importante encontrar un tema que sintonizase con muchas de las obras de la Colección BEEP de Arte Electrónico. Así es como surgió la idea del retrato. Se trata de un género artístico que ha cruzado épocas, países, culturas y movimientos artísticos.

Muchas de las obras de BEEP reflexionan sobre el retrato. A partir de ahí, había que poner a dialogar las dos colecciones. Con diálogos abiertos. Deseábamos privilegiar un montaje que sugiriera diferentes lecturas al espectador. El objetivo es que el espectador establezca sus analogías, más allá de nuestras indicaciones.

En el diseño fluido de la exposición, hemos contado con el estudio de arquitectura POCAA, de Jordi Llàcer e Irma Arribas.

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¿Cómo se acerca el arte electrónico al retrato?

El  retrato y la interpretación de la imagen han cambiado radicalmente con la irrupción de internet y las nuevas tecnologías. Ya no se habla de fotografía, cámaras, carretes, revelado, diafragma, objetivos,  iluminación o posado. Los términos ahora son redes sociales, postfotografía, ubicuidad, autorrepresentación, reproducibilidad, procesos meméticos, social media, remezcla, selfies, retoques y viralidad.

La misma forma de expresarnos ha evolucionado. Y la escritura se ha condensado. Se ha sustituido la sintaxis tradicional con stickers y emoticonos. Los rostros estilizados de los emoticonos y sus expresiones se han impuesto como un nuevo lenguaje universal y transnacional de inmediata interpretación.

Las actitudes frente a cómo nos representamos han cambiado. Ahora solemos exhibirnos y asumimos posturas inéditas delante de unos dispositivos móviles infinitamente más complejos que un simple ordenador portátil. Solemos conocernos a través del otro en un proceso continuo de exteriorización.  En ese proceso, los ojos de los demás y cómo nos miran, define lo que somos.

La Colección BEEP de Arte Electrónico se expuso por primera vez en su integridad en Reus, entre noviembre de 2017 y marzo de 2018. ¿Qué lecciones aprendieron de aquella experiencia, que les puedan ser útiles con la exposición que ahora se estrena?

Con la exposición de Reus, percibimos que el público empatiza mucho con las obras de arte electrónico. Hoy en día, estamos todo el día con dispositivos en las manos, y vivimos en entornos de realidades aumentadas. Para la gente, encontrarse con tecnología en un museo, guarda mucha lógica. Y son las personas más jóvenes las que más echan de menos los dispositivos cuando entran en un museo.

Nos dimos cuenta de que muchos escolares venían por la mañana con la escuela y, por la tarde, con los padres. En aquella exposición, podías tocar las obras. Los niños y adolescentes eran conscientes de que no se trataba de un recinto sagrado, donde debías mantener un estricto silencio.

El arte electrónico viene a poner al día al mundo del arte. ¿Sería eso?

La historia del arte se puede explicar con la evolución de las herramientas que emplean los artistas. De forma constante, se han descubierto nuevas técnicas y materiales.

El Pop-Art nunca hubiese existido sin la pintura acrílica. Y el teléfono fijo generó tal ola de creatividad, que en 1969, en el museo de arte de Chicago, se hizo la exposición Art By Telephone. En esa exposición se reflexionaba y se ponía en valor el impacto del teléfono en el mundo del arte en los años 40. Los visitantes podían escuchar grabaciones en que los artistas describían sus proyectos e instalaciones al director del museo, Jan van der Marck, a través de conferencia telefónica.

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¿Qué obras de la colección BEEP podemos destacar de la exposición ‘FACES’?

La obra que nos da la bienvenida a la exposición FACES es Mano térmica de artista, de 1973. El artista, Lugán (Luís García Núñez), se adelantó en dos décadas al paradigma de la interactividad. Se trata de una obra que invita a ser tocada. Un calor casi humano en una pieza de aluminio y hierro.

Con Alfabeto, obra de Marcel·lí Antúnez, de 1999, nos encontramos frente a una prótesis emotiva. Es una columna que invita a abandonar el rol pasivo para ser instrumentistas emocionales.

M3X3, de Analivia Cordeiro, es de 1973, como Mano térmica de artista. Coreógrafa, Cordeiro crea a través del lenguaje de la programación informática un movimiento en una matriz de 3×3. Replantea así el lenguaje de la danza. Fue una obra rompedora. Pensemos que era 1973, y que era una coreografía que se despliega a partir de un programa de ordenador escrito por una mujer.

Podemos destacar también JoAn, l’home de carn, de 1992, creada por Marcel·lí Antúnez y Sergi Jordà. La obra consiste en un robot recubierto de piel de cerdo y ternera que reacciona a la voz del visitante.

Algunas de esas obras se avanzan a su tiempo…

Sobre todo, las obras creadas en los años 70, mucho antes de la eclosión de la informática personal en los años 90. Mucho antes del momento en que la tecnología comenzó a estar presente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

¿Cómo se relacionan las obras de BEEP con las de Es Baluard? ¿Nos pueden ofrecer ejemplos de esas interacciones?

Tenemos una obra de Anaisa Franco: el ojo del visitante se refleja en una bola de plexiglás. Y al lado tenemos una obra de Miquel Barceló que reproduce un ojo.

Los monigotes o ninots que Joan Miró elaboró con la compañía de teatro La Claca, se ponen en relación con JoAn, l’home de carn.

JoAn, l’home de carn, también se puede relacionar con Requiem, que consiste en un exoesqueleto, cuyas partes se mueven según si el público las toca. Con este exoesqueleto se podría enjaular un cuerpo vivo, o activar un cuerpo inerte. Y se puede reflexionar sobre la muerte y sobre la infinita reproductibilidad de una acción.

Requiem nos recuerda a La invención de Morei, una novela de Adolfo Bioy Casares. Escrito en los años 40, plantea el concepto de la realidad virtual, con una máquina que se mueve al ritmo de las mareas.

Algunas obras se sirven de la tecnología biométrica para invitar a reflexionar. Con Nivel de confianza, de Rafael Lozano, el visitante es analizado según parámetros biométricos para averiguar si es uno de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en México, secuestrados en 2014. Con Bioma, de Solimán López, la tecnología de la obra atrapa los datos biométricos del espectador. El visitante se lleva un boleto, que le ha sido impreso. Y, cuando llega casa, puede acceder con la información de ese ticket a su perfil digital, a través del sitio web de la obra.

La exposición ‘FACES’ acoge obras de artistas de todo el mundo. También de Reus, ciudad donde nació la Colección BEEP de Arte Electrónico. De Reus son dos de los artistas con obras en la exposición en Es Baluard, Jordi Abelló y Marie-France Veyrat.

Jordi Abelló aporta dos obras. Una serie de retratos de mantis, los insectos. Y Bank, que consiste en retratos de banqueros relacionados con los escándalos financieros de los últimos años. El artista documentó cómo buitres jugaron con aquellos retratos en la reserva natural de Nonaspe, en Aragón.

Marie-France Veyrat contribuye con obras que aluden a los castellers, que son un retrato colectivo del pueblo catalán. Los castells son una excelente metáfora de cómo se pueden alcanzar objetivos colectivos de forma colaborativa. En el mundo del arte electrónico, ese trabajo en equipo es especialmente relevante. Y es que personas de diferentes especialidades se involucran en proyectos comunes.

En la exposición ‘FACES’ hay obras de gigantes del arte contemporáneo como Miró y Picasso. ¿Hubiesen apostado por el arte electrónico?

Habrían creído en el arte electrónico, porque eran artistas abiertos a la novedad y a la innovación. No sabemos si lo hubiesen llevado a la práctica, pero se habrían interesado por este género. Sobre todo, Miró.

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